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martes, 19 de mayo de 2009

Cultura

"Yo trabajo para mí mismo, no lo hago pensando en el público ni en la prensa... No tengo que explicar nada y me gustaría hacerlo, pero no puedo".

Lars Von Trier, desde el Festival de Cannes, después de, por lo visto, perpetrar una de las mayores tomaduras de pelo que se recuerdan en forma de película. Es lo que tienen los defensores de la expcepcionalidad cultural, los que recubren su mediocridad con discursos elevados. Como nuestra ministra. Se la trae al pairo el público, pero hay que financiar sus pajas mentales; para amontonar polvo en estanterías o en la mente desviada de algún moderno.

-El "mejor cineasta" del mundo. Borja Hermoso. El País.
-La insoportable transgresión. Carlos Boyero. El País.
-Loach y Trier, dos polos opuestos. Luis Martínez. El Mundo.
-Von Trier monta el "Anticristo". Oti Rodríguez Marchante. ABC.

Hace poco más de una semana, Luis Ventoso, en La Voz de Galicia, con su habitual ironía, retrataba a esta estirpe de farsantes: Lo innombrable.

domingo, 28 de septiembre de 2008

Adiós, 'Fast' Eddie

Buena parte del atractivo que irradian los personajes perdedores y fracasados se lo deben a la maravillosa interpretación de Paul Newman en El Buscavidas, la película que jamás rechazo ver una vez más. Se lo deben a él y a las novelas de Francis Scott Fitzgerald. "Hablo con la autoridad que otorga el fracaso", decía el escritor, en una frase que perfectamente podría encajar entre las palabras de Fast Eddie Felson, derrotado y humillado por el Gordo de Minnesota.




-'La victoria de la derrota'. Guillermo Altares. El País.
-'Ha muerto Eddie Felson'. Miguel Ángel Palomo. El País.
-'La eterna seducción'. Carlos Boyero. El País.
-'La leyenda del impecable'. Oti Rodríguez Marchante. ABC.

domingo, 4 de noviembre de 2007

Hornby, versión Hollywood

El pasado jueves festivo, pasando la mañana, me senté delante de la tele para ver si daba con algo que me distrayese un rato. Lo encontré, y tanto. Canal+ emitía una peli titulada 'Amor en juego', que según la sinopsis trataba sobre un tipo que intentaba equilibrar una relación con la chica de sus sueños y su venerado equipo de béisbol.

Desde un principio, la película era una especie de déja vu; sabía que eso ya lo había visto, me lo conocía.

Al final, con los créditos, vi que aparecía un tal Nick Hornby como guionista; googleleando descubrí que el título original del film era 'Fever pitch'.

Los que, como yo, creemos en una determinada forma de hacer periodismo deportivo, alejada del griterío tomatero, el pesebrismo, el amarillismo y las paletadas de algunos, le debemos mucho a Hornby y a su novela 'Fever Pitch', traducida al castellano como 'Fiebre en las gradas'.

La cinta hollywoodiense es entretenida y quizás más cercana al público mayoritario de lo que lo es la primera versión cinematográfica del libro -del año 1997-, no en vano está dirigida por los hermanos Farrelly y contiene varios gags de su humor característico. En el fondo, la historia es la misma: un seguidor de un equipo eternamente perdedor se enamora de una chica, la pierde y tiene una crisis existencial. La diferencia está en que el protagonista, en este caso, ya no es un hincha del Arsenal, sino del equipo de béisbol de Boston, los RedSox. Da igual, los dos son ejemplo del infortunio y la desgracia eterna que se torna en éxito inesperado. Lo genial de todo, libro y películas, está en comprobar la inmensa alegría que experimenta alguien acostumbrado al fracaso, en ver cómo siente el triunfo un tipo para el que las expectativas son muy bajas. Esto es algo inalcanzable en el deporte para los seguidores de los equipos grandes, como es mi caso; tan sólo sentimos el alivio del objetivo alcanzado.

Otro día a ver si hablamos de los RedSox y su fascinante historia.